Democracia, Diseño y Revolución

July 17, 2017 9:39 pm Published by

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“Cada generación necesita una nueva revolución” – Thomas Jefferson-

La última gran revolución que logró un profundo cambio social fue la industrial, que allá por 1750 rompía con los paradigmas de los viejos modelos económicos para traer renovados bríos y riqueza a las naciones que se abrían a una nueva forma de ser y hacer.

Es en esta revolución que nace la figura del diseñador; figura central de una incipiente industria que tenia por promesa mas, mejores y accesibles productos de calidad para un creciente mercado consumidor; la promesa de la democratización y acceso del diseño ya estaba instalada.

Durante 200 años los frutos de esta producción industrial dieron forma a nuestra cultura, economía y en general a todo nuestro entorno y diario vivir. Los desafíos que nos plantea la responsabilidad profesional con sus ideales, son hoy sin lugar a dudas tan importantes como los que unificaron la voz del diseño con la fundación de WDO (ICSID) un 29 de junio hace ya 60 años.

A medida que crece la profesión, la responsabilidad crece con ella y es cada vez más relevante el papel del diseñador en la generación de bienestar dentro de nuestra sociedad.

En este día mundial del diseño Industrial la WDO nos invita a reflexionar con la consigna: “Pensemos fuera de la caja”. A mi parecer la pregunta debería comenzar desde un poco mas atrás y analizar sobre ¿cómo pensamos y percibimos el valor del diseño como usuarios y como profesionales del mismo? Y creo no equivocarme al afirmar que el panorama no es el más alentador desde ninguna de las dos visiones.

Hoy se ve una preocupante ausencia del cuestionamiento profesional sobre su que hacer proyectual, se abusa de términos de moda donde queda la impresión de que solo se aspira a tener 15 minutos de fama inventando una nueva etiqueta para diferenciarse del resto. Hace 60 años el concepto de diseñador nos traía a la mente personas como  Joseph Sinel o Raymond Leowy , pioneros del diseño industrial. Hoy sin embargo el termino diseño nos evoca nombres y conceptos totalmente distintos y generalmente asociados a las casas de moda, estilistas y una variedad enorme de productos de consumo; Un diseño cada vez más lejano a la idea de solución inteligente de problemas y más próxima a lo efímero y de moda; esa moda de lo rápidamente obsolescente, la del juego estético-formal de un diseño asociado a los objetos caros, exquisitos, rebuscados y divertidos pero finalmente poco prácticos, un concepto más mediático que se fomenta día a día en medios escritos, digitales o televisivos que hacen eco de esta desformada percepción de la cual es fácil ser cómplice.

Quizás ya estamos a tiempo de una nueva revolución que nos centre en el foco de la esencia misma de la profesión; que refuerce el vinculo primordial del diseño con su propósito y no solamente con una idea cada vez mas enturbiada por una percepción errónea y muchas veces mal informada sobre las reales competencias y valores de nuestra profesión.

Quizás no todos tenemos la potestad para educar, pero si para hacer respetar lo que somos y lo que hacemos frente a nuestros clientes y consumidores.

La revolución no es en contra de alguien; las personas, los gobiernos y gobernantes pasan, las buenas acciones quedan.

La revolución es por algo, algo más grande y que nos afecta a todos por igual.

La revolución es dar valor al fondo y forma, sólo en el hacer de forma conciente se logra demostrar la diferencia del resto y agregar en el fondo, valor real.

La revolución es permanente; rescatemos lo primordial de la profesión que nosotros mismos estamos borrando, ya que si crece el diseño creceremos todos como sociedad.

 

Rafael Chávez S./ Director El Diario Diseño.