Antipop

November 7, 2017 5:57 pm Published by

Me pidieron que esta columna sea sanita, pero eso no quita que sea escrita por un huevón enfermo.

No sé si soy un inadaptado, un antipop, un anarko surrealista o un simple bípedo endeudado. No tengo idea, pero creo que eso hace que algunos me lean mes a mes, eso hace que yo también esté feliz de escribir experiencias y relatos como este y no los infumables “6 tips para mejorar el engagement a través del Social Media” o los ya vomitables “Desnudando la mente del consumidor 2.0”.

Asumo que tengo serios problemas con lo masivo, la moda y las tendencias que día a día alimentan el muro de Facebook. No me creo el cuento de los mentoring, los influencer´s, CEO`s y los cargos rimbombantes en Linkedin, no, no me creo sus cuentos, puras fanfarruchas. Tengo serios problemas con la estructura.

Soy de los que cree en las cosas más simples ahora. Por ejemplo en la sonrisa humilde del Haitiano que trabaja limpiando mesas en un mall. Soy de los que cree en el trabajo diario del que lustra zapatos afuera del metro Tobalaba. Soy de los que cree en los que venden juguitos de naranja en calle, cagados de miedo mirando como búho por si vienen los amistosos de verde. Soy de los que creen en el mocoso porfiado y enamorado que cuando le dicen “no”, se queda sentado en la vereda un buen rato con la esquiva esperanza de que ella, sí, esa mala mujer, volverá aunque sea por lástima. Soy de los que cree en la honestidad del abrazo del borrachito que camina por el bella con el cierre abajo. Soy de los que creen que la improvisación es más linda que una modelo de Victoria Secret. Soy de los que cree en la tasa de té mientras suena “Que he sacado con quererte” de la Violeta Parra. Soy de los que cree, aunque no crea en nada.

Jamás en mi vida he logrado desarrollar algo realmente interesante diciendo “me voy a sentar a pensar”, como les comenté, tengo horribles problemas con la estructura y las metodologías. Y cuando lo he hecho, es un fracaso horrible. La gran idea creativa siempre sale cuando me desconecto, cuando improviso, cuando me atrevo a caminar por calles distintas todos los días aún sabiendo que quizás me demoraré más.
Nace cuando escucho a los Ramones y después a Franco el Gorila. La gran idea en mi caso siempre es un chispazo que llega sin avisar, como las malas noticias. Es casual, por eso cuesta tanto repetirla, pero mientras a más momentos de desconexión me exponga, mayor es la posibilidad de que se me prenda la ampolleta.

Por eso creo que la vida es mucho más simple, y que no necesitamos variables externas al cuerpo para disfrutar plenamente de la vida y la creatividad. Contamos con infinitas formas de desconectarnos de la realidad de un brief y no caer en los MBA para adquirir mayor conocimiento y experiencia. Aprendí que como creativos necesitamos profundas y cristalinas libertades. Libertades que me hagan vivir sorprendido y atento a lo que pase en un par de segundos más. Libertades que hagan mantenerme despierto cada vez que estoy soñando. Libertades que no me aclaren nada, ya que necesito interpretar y conocer la otra realidad.
Necesito libertades que me permitan decir abiertamente que lo más terrorífico de la nueva versión de IT fue el precio de las cabritas. Sin miedo a ser cuestionado, a ser tratado como amargo o simplemente como Antipop.

Aquí todo es cancha muchachos, cualquier micro sirve, todas las murallas son blancas y están a la espera de una acción poética, de noche todos los gatos son negros o como dicen en Matrix “la cuchara no existe”. Somos justificadamente un área profesional donde la locura está permitida, donde está permitido que 2+2 sea un pez y 1+1 una flecha, eso somos, locura… bueno al menos eso creemos ser.
Saludos.

Nicolás Landauro Constanzo
Director General Creativo – Grupo Primal
Twitter e Instagram: @xnelcx