Nuestra esencia inmortal

May 14, 2018 5:32 am Published by

Muchas veces pasamos horas tratando de pensar cómo lograr que nuestros trabajos y todo eso que generamos, logren tener una identidad propia. Eso es sin duda, parte fundamental de nuestro trabajo, lograr que todo cuanto hacemos tenga una identidad propia, que sea capaz de decir claramente, por sí mismo y a viva voz, que es, que desea y cuál es su razón de ser, que logre ser claro y directo, eso es en si la razón elemental diseño, ser capaz de transmitir un mensaje o idea de forma, simple, coherente, funcional y clara.

Pasamos horas perfeccionándonos como creadores, aprendiendo, puliendo técnicas, formándonos, capacitándonos, buscamos siempre estar a la vanguardia de las nuevas tecnologías y las nuevas tendencias, no solo en los aspectos técnicos de nuestra profesión, sino que como esta “científicamente comprobado” diseñar o crear no solo en un ejercicio que necesita de la comprensión de la técnica y el oficio, si no que como profesionales debemos conocer todo lo que implica la creación de eso que hacemos; conocer el entorno, el mercado, quien será el usuario, tenemos que ser conocedores del aquí y ahora de nuestra realidad social, de todo cuanto nos rodea y que terminará rodeando a eso que creamos ya que su fin último será fundirse con el entorno para “ser” eso para lo que fue concebido.

Pensemos un minuto en el enorme desarrollo creativo que se necesita para lograr el dentífrico perfecto, pensemos que en un simple y básico tubo debe coexistir y funcionar la identidad corporativa perfecta, esa marca perfectamente lograda, un empaque con especificaciones ergonómicas ideales, características estéticas y funcionales ideales, ni hablar del packaging que lo contiene previo a ser destrozado y ocupado, todo aquello que previamente se ha hecho para que a las 5:45 am sea capaz de ser un elemento “xs” de nuestro día a día, el cual apretamos y utilizamos sin pensar en él, en lo que implica su mera existencia, pero que de igual manera, en su otro rol, sea lo suficientemente poderoso y suficiente notorio como para gritar desde la góndola de supermercado y lograr que tengamos la preferencia de llevarlo y hacerlo nuestro, y eso que este ejemplo se reduce a un producto de fabricación mega masiva y de uso diario obligatorio.

Pensemos ahora en lo requerido para algo mucho más custom, mucho más específico. Invertimos gran cantidad de tiempo y esfuerzo para estar al nivel del mercado y al nivel más pro de diseño de vanguardia, ¿pero cuanto pensamos en que eso que creamos o diseñamos también debe tener una impronta que nos represente como profesionales?, es un aspecto súper importante que lamentablemente no siempre se busca lograr con tanto ahínco.

Lógicamente este aspecto de poseer una impronta personal, es el producto de años de trabajo y experimentación, pero para ello al igual que conocer nuestro oficio, debemos conocernos como individuos. Una vez dominada la técnica y la forma de “hacer” diseño debemos comprender que es momento de conocer a profundidad quienes somos como creadores, nuestras creaciones si bien deben estar sujetas a requerimientos de usuarios y clientes, a pautas y a tecnicismos, deben de igual manera estar asociadas a su creador, es la única forma en la que el nombre del diseñador comenzara a tener igual fuerza que lo de aquello que ha creado.

No nos confundamos, no se trata de tergiversar lo planteado y pensar que debemos ser subjetivos y propios, no debemos confundir el rol del diseñador con el del artista, entendiendo que un artista puede plasmar en su obra sus emociones, sensaciones y sentimientos y decir que en ella están reflejados sin importar si nosotros entendemos siquiera lo que se intentó trasmitir. El arte vibra, pero no podemos pretender tapar el sol con un dedo.

Cuantos no hemos visto una pintura y tras pasar un par de minutos viéndola decimos internamente que pese a que nos quieran decir que en ella esta expresada la transición metamórfica del ser humano de animal primitivo a ser de luz etc, simplemente terminamos por concluir que son salpicones rabiosos de pintura sobre un lienzo, porque el arte posee eso; la interpretación es libre y abierta ya que en ella está contenida la esencia del artista y su particular visón sin que nada más que esta importe.

En el diseño es la objetividad gráfica, nace con una rezón de ser, como una idea clara que trasmitir con un porque que no puede o no debe tener una interpretación ambigua pero no por ello debe de carecer de alma o espíritu.  Cuando vemos el trabajo de Sagmeister, Bass, Joyce, Frutiger o Starck (por nombrar algunos rockstars del diseño) vemos que su trabajo sea cual sea su fin, tiene ese pequeño gesto que da fe de quien lo creo sin llevar su firma expresa.  Es ese guiño tácito que logra al conocerse como creador y poder darle un giro característico a su creación. Pasa en todas las ramas del diseño, y no solo en genios consagrados; podemos verlo en el día a día, somos capaces de ver la impronta de ese trabajo particular.

La clave del éxito en lo que a reconocimiento se refiere, está en volvernos maestros de nuestro oficio y ser de igual manera conocedores de quienes somos, debemos invertir el mismo tiempo y esfuerzo que damos a conocer lo último en nuestro rubro, en nutrirnos como consumidores de cultura; sea cual sea su origen e identidad, nos nutre de los más amplios recursos creativos.

Debemos desarrollarnos como individuos creativos con el mismo ahínco que desarrollamos nuestra profesión, para que luego podamos decir quiénes somos, conociendo el cómo queremos que nuestra creación nos muestre.

La invitación queda servida para quienes deseen comenzar a dejar que su creación lo represente, allí comenzaran a entender que significa ser de verdad inmortal ya que al vivir en lo que se hace nuestra esencia nunca dejará de existir.

 

Luis Eduardo Pérez González
Lic. Publicidad y Mercadeo & Diseñador Gráfico / Mención Tipografía / Comunicador Visual
Docente UDD/ Director de Proyectos – Nihilia Group