Bailando con la fe(a)

October 29, 2018 4:45 am Published by

coherente

La vida es el bailarín y tú eres el baile.  -Eckhart Tolle.

 

¿Qué opinas de tu forma de ser? ¿de tu trabajo?, ¿de tu forma de relacionarte? ¿de tu capacidad productiva? Seguramente, la mayoría de ustedes tendrá una respuesta rápida para esta y otras preguntas por el estilo. Una respuesta quizás no muy trabajada pero inmediata y coherente que amalgame lo que sienten, perciben del medio y de sí mismos, una respuesta de la sensación del momento.

Seguramente más de alguno dedicará un tiempo más prolongado a tratar de contestar de forma más completa este tipo de cuestionamientos, se tomará unos minutos y tratará de definir con mayor agudeza y detalle una respuesta completa, justificada y aunada sobre el tema global que se le cuestiona. Eso está mejor aún.

Los menos, llevaran estos cuestionamientos a un nivel más profundo, y con lápiz y papel en mano ordenaran cada tópico, harán un auto análisis, anotaran todo y tabularan los conceptos e ideas que han obtenido para cada pregunta; borrador de por medio estructuraran visión, misión, valores, sueños, expectativas, esperanzas y deseos, para terminar con una idea general y – en el mejor de los casos- una clara filosofía que guía sus pasos en la vida.

Esto – si alguna vez o has hecho- es lo que deberíamos esperar de cada profesional. A veces esto suena de Perogrullo – la obviedad obvia-; ¿pero cuantos de los que han llegado hasta esta línea lo hacen cada día?, ¿una vez a la semana? ¿o una al mes quizás?, parece que muy pocos.

La mayoría no pasamos de los deseos de año nuevos o esos tres deseos a la hora de soplar las velas en la torta de cumpleaños. Y quizás ahí comienza y se gesta la razón de las vidas aceleradas, que nos hacen olvidar ponerle más trabajo a la vida, que vida al trabajo. ¿Si sabes lo que quieres porque no lo haces?, al parecer nos quedamos en las auto promesas, total ya tendré tiempo de hacerlo en otro minuto.

Los diseñadores – y la mayoría de profesionales- no nos damos tiempo siquiera para conocer, cuanto de nosotros y de nuestra forma de ser , pensar y ver el mundo, se termina por traspasar a lo que hacemos y cómo influye en el resultado del valor que entregamos al usuario final, nuestro trabajo y su entorno.

Quizás por eso hay tanto mal diseño inundando los anaqueles del comercio y lo que es peor aún tanta buenas personas siendo malos diseñadores; no por gusto, si no por necesidad, esa misma que nos quitó el foco del ser, por el de hacer.

Tantas veces nos movernos al ritmo que no nos gusta solo por necesidad; tranzar todo lo que sabemos que no nos gusta, para tener la maldita “seguridad económica”. Sin duda un precio alto e injusto por un poco de estabilidad.

El buen diseño y los buenos diseñadores, son quienes saben que melodía y con qué letra se animan a bailar; algunos con los ojos cerrados y los brazos en alto con el alma a flor de piel, solos contra el mundo, otros saltando en un trance grupal y más de alguno en una eterna fila de conga con los amigos.

No todos servimos para bailar solos; pero al menos elijamos bien con quien y que ritmo queremos bailar, para sentirnos cómodos y realizados, aunque sea mediante la música de otros.

Nunca dejemos de movernos, nunca perdamos el ritmo y si lo perdemos, no dejemos de entender que la música, el ritmo y la letra pueden cambiar; pero nunca el saber cómo, donde y cuando seguiremos haciendo lo que le da alegría a nuestra vida.

¿Bailamos?

Rafael Chávez S.
Director El Diario Diseño