Hábitos en peligro de extinción

November 5, 2018 4:06 am Published by

extinción

El hombre cuya opinión nunca varía es semejante al agua estancada; engendra reptiles en su mente.-William Blake

 

Bruno Munari es como el Quijote; todos lo citan, pero en verdad nadie lo ha leído y los que si lo han hecho, la verdad no parece que pongan sus conocimientos en práctica. Como este caso hay muchos en cada profesión; Publicistas que dicen haber leído a Kotler o Stanton completo, arquitectos que dicen haber leído todo el Neufert, etc y así suma y sigue.

La mayoría suele guiarse por partes específicas, por capítulos o textos que alguna vez les exigieron leer para algún ramo o prueba; pero son pocos- en verdad muy pocos- los que siguen teniendo el habito de leer constantemente y de esos menos aun los de escribir sobre su profesión.

Podría dedicar estas letras a una dura crítica hacia la falta de lectura y sus razones en una sociedad híper acelerada y auto centrista, pero lo que en verdad quiero hacer- esperando que alguien lea esto- es poder tocar ese amor propio del profesional por aportar con su mirada a la profesión.

Hacer que la gente opine – algo sensato- es difícil, sobre todo cuando las redes sociales nos han dado la opción de hacerlo desde el anonimato de un seudónimo y la mayoría de las veces sin criterio alguno; convirtiendo cuestionamientos válidos, en peleas callejeras con hilos kilométricos de dimes y diretes sin sentido alguno y que nadie que quiera realmente aportar se daría el trabajo – más allá del voyerismo- de leerlos desde el inicio.

Hacer que la gente opine en directo, es una tarea más difícil aun. Hacerle una pregunta a los alumnos en clases era visto casi como una sentencia de muerte, donde la vergüenza de no saber, las pocas ganas de opinar y el más puro desdén a lo que se hablaba por sobre el interesante chat de whatsapp que consumía su atención; instauraba un silencio tenso, donde las miradas de – ojala alguien hable luego- se cruzaban furtivas y desesperadas.

Siempre nos ha costado opinar y siempre ha sido más fácil usar la vieja y confiable: “Opino lo mismo que mi compañero”; como arma infalible a la hora de salir del apuro. Lo lamentable, es que si bien podría atribuirse esta conducta a una etapa, escolar/universitaria; este tipo de respuestas las sigo escuchando en reuniones de trabajo, más a menudo de lo que quisiera.

La opinión y la lectura, están estrechamente relacionados y emparentados bajo la construcción de la crítica y las dos son hábitos en peligro de extinción. Quizás ese sea finalmente el problema real; nos falta poder criticar y criticarnos de forma consiente, pero si no conocemos la opinión de otros ni nos formamos una, ¿cómo podremos hacerlo? Conocer el fondo y sentido de las ideas que han dado forma a una profesión, entender los fundamentos de un proceso o los porqués de las decisiones que han dado forma a nuestra profesión, son legados que trascienden el tiempo y que solo podemos adquirir mediante la lectura.

Si bien no somos el país más prolífico en cuanto a autores de literatura técnica en diseño; valgan las felicitaciones a todas esas revistas y publicaciones independientes de las universidades que mantienen las capacidad crítica como un eje importante de la formación del ser y hacer diseño.

Estoy convencido que cada uno de nosotros tiene algo que decir, que opinar y compartir, no importa que seamos viejos estandartes, noveles profesionales o alumnos en formación, siempre habrá una forma y un formato para compartir nuestra visión sobre las cosas que nos gustan o desagradan de nuestra profesión y podremos nutrirnos de las de otros para seguir formándonos en nuestra forma profesional.

Digital, fotocopiado, impreso o escrito; que el formato no te impida alzar la voz.

Nos leemos.

Rafael Chávez S.
Director, El diario Diseño