Esos P5T4S Likes

November 12, 2018 5:10 am Published by

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“1985, me encuentro en la oficina de una multinacional reconocida revisando balances para generar alguna estrategia para mostrar a mis jefes. Tengo la convicción que en los datos está la clave de ver que quieren los clientes y cómo podemos crear una mejor estrategia de venta.

¿En que esta Campos? -Pregunta el gerente de ventas que recién ha entrado de forma intempestiva a la oficina- revisando resultados para proponer una nueva estrategia señor.

¿QUE? ¡No campos, salga a la p5t1 calle! ; ¿Perdón jefe?  ¡La P5T1 CALLE LE DIJE!, ¿Y qué es eso? Póngale número a las vocales y despeje la ecuación pues Campos. ¡Ah, La PUTA CALLE!

¡Exacto!, ya tenemos un buen producto; ¡ahora a vender!”

Con esa anécdota un buen amigo de mi padre, me hacía ver que las cosas no han cambiado mucho desde los 80’s; aun debes seguir saliendo a la calle para conseguir que la persona se transforme en cliente aunque tu empresa sea la mejor del mundo. “La calle manda cabro, no dejes de escucharla”.

Es verdad; en algún momento de los 2000 nos obnubilamos tanto con el poder de  internet y las redes sociales, que llegamos a pensar – algunos aun lo hacen- que sin redes sociales no hay más futuro que el apocalipsis y su consecutivo oscurantismo digital que nos llevaría a refugiarnos nuevamente en las cavernas.

Si bien el poder de las redes se basa en su capacidad de difusión del mensaje y poder comunicar e informar, también nos dan una falsa idea de control sobre los datos que generan los mensajes específicos que en ella vertimos. Aún existe una brecha insalvable entre los datos que genera un mensaje y su real impacto en el usuario, medir sus métricas alcances, clics, retweets, orgánica etc. son muchas veces datos que si bien son útiles, aun no son infalibles al momento de diseñar.

Las métricas aun no pueden medir el lenguaje corporal del cliente, comprender la ironía en un chiste o improvisar ante ellos; solo miden lo taxativo, lo concreto y gracias al cielo, el factor humano aún sigue siendo capital de los humanos. Ojala por mucho tiempo más.

El buen diseño  nace de buenos diseñadores, de buenos equipos, de buenas instituciones, de buenas políticas públicas y de todos quienes sepan medir los “dolores” del usuario y no solo los likes, esperando que sean estos los validadores de las ideas que nacieron entre cuatro paredes.

Hoy por hoy la estrategia que predomina tiene la siguiente lógica: Tener un producto e intentar venderlo al cliente, antes de saber si lo quiere, lo necesita, si puede pagarlo, o si le es útil o no.

Es fácil esconder un mal producto detrás de una bella promotora, una excelente campaña de radio y TV, un glorioso packing, un vendedor convincente o mucho maquillaje de estilo, antes de querer satisfacer necesidades reales a problemas reales con productos sencillos.

¿Y después nos preguntamos porque el diseño no es respetado y solo visto como algo meramente estético? ¡Andá!

Si no me cree, seguramente conoce la experiencia de portarse de compañía telefónica y de cómo ya cabreado de un mal producto, comienza a ser tentado con mejoras: ¿y porque no me ofreció esto antes? ¿Porque cuando ya no aguanto más me da opciones?, parece ridículo pero no lo es,  la verdad es que las empresas  aun no entienden que un mal producto daña a una buena persona y que detrás de millones en campañas, diseño, marketing y gestión, solo faltaba invertir en calle, en la puta calle, en el café, en la conversa en la trinchera, ahí donde el problema nace y se hace y donde tu diseño podría estar solucionándole la vida alguien, que no dudará en ser tu cliente fiel si le ayudas a sanar su dolor.

Por ahora solo me queda recordarte que tu próxima solución está ahí esperándote, que caminar no hace daño y observar tampoco, que la conversa es gratis y que aún no hay quien supere a la calle; la puta y sabia calle.

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño