Seis preguntas para conocer el universo

November 27, 2018 4:12 am Published by

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Tengo seis honestos sirvientes (me enseñaron todo lo que sé);
sus nombres son Qué, Por qué, Cuándo, Cómo, Dónde y Quién.

– Rudyard Kipling

 

La observación y el cuestionamiento del entorno han sido por antonomasia, las formas más básicas, concretas y contundentes de conocer y entender no solo nuestro medio, sino todo aquello que nos provoca duda. Si la observación y el cuestionamiento son las formas, entonces el fondo, es la eterna y cíclica curiosidad que nace en cada uno de nosotros a temprana edad y que nos pide con fruición llenarnos del conocimiento de nuestro entorno a todo nivel para poder desarrollarnos en él; desde cosas pequeñas y simples, hasta fenómenos naturales, las estrellas las mareas, los animales y el universo que llenan nuestra insaciable percepción de un mundo aún desconocido y salvaje. Ese mundo que querías conocer preguntando a tus padres ¿por qué?

La curiosidad es uno de los elementos  que aún conservamos indomables de nuestra animalidad como especie, y sin la cual no podríamos llegar a ser los seres racionales y eruditos de los cuales estamos orgullosos de ser el día de hoy. Sin curiosidad no hay avance, no hay desarrollo ni menos innovación de ningún tipo.

¿Te imaginas que nos hubiésemos conformado con la primera solución que se diseñó para un problema? Afortunadamente el ciclo de la curiosidad evoluciona con cada nueva generación de niños y niñas que se maravillan con su entorno y toman como referente básico las cosas que para nosotros ya son una realidad; ahí radica su poder para evolucionar el pensamiento y la forma de crear más y mejores soluciones para un futuro que aún estamos descubriendo.

Nunca le he temido a la ignorancia, ya que es algo con lo que todos nacemos y justamente este impulso descubridor, es el que nos ayuda a evolucionar de ese estado permanente – ¿porque permanente?-  Por la sencilla razón de que nunca podremos saberlo todo;

Para quienes se ofenden con el término, les digo: lo verdaderamente terrible seria no hacer nada al respecto; la curiosidad como punto de partida, independiente de nuestras creencias, cultura, patrimonio o religión es y siempre será el impulsor del conocimiento que podamos adquirir. La ignorancia se convierte en la duda que necesita ser saciada. La aventura está en no perder esta capacidad.

La curiosidad es gratis y te sorprenderás de ver como haciéndose las preguntas necesarias, sumadas a tu razonamiento, podrás llegar a debelar los secretos del universo; o al menos plantear las preguntas que definirán nuestro futuro en el próximo siglo.

Bienvenidos ignorantes, a ser los pioneros del futuro.

 

Rafael Chávez S. /Director El Diario Diseño.