Buen profesional; pero mejor persona.

March 11, 2019 2:24 am Published by

good people

“Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder.” – Abraham Lincoln

 

Hace un tiempo mientras conversaba con un amigo, le señale mis aprensiones en relación a como se mide la calidad de la educación en Chile y sobre todo, mi preocupación en relación a la calidad de los profesionales que año a año nuestras universidades e institutos profesionales entregan al país.

Cada cierto tiempo, aparecen algunos rankings o “Salones de la Fama” donde algunos colegios, universidades o institutos se suelen destacar sobre otros.

En el caso de los colegios, se les suele “clasificar” por los resultados anuales que sus alumnos obtienen en la prueba de selección universitaria (pueden señalar que existen otros factores, pero ese es uno de los favoritos de los padres a la hora de elegir un colegio para sus hijos).

En el caso de las instituciones de educación superior, la situación no suele ser muy diferente, porque se toman en cuenta los clásicos índices de  “inserción laboral de los egresados al año de titularse”, “porcentaje de deserción de la carrera”, “sueldo al año de egreso” y así, un sinfín de factores que, a simple vista, dan cuenta de gestiones académicas y comerciales muy bien realizadas, donde de alguna forma se vende una ilusión de que si alguien estudia en x lugar una x carrera, al año de titularse, estará trabajando, con una remuneración fija y sobre todo, con la tranquilidad de haber elegido bien. Rara vez, salvo al hablar de rankings internacionales, se toman en cuenta otros factores como desarrollo de investigaciones, aporte al crecimiento del país etc.

Si bien todos estos elementos permiten medir de cierta forma la calidad de los establecimientos de educación, lamentablemente, no miden factores que son quizás mas importantes en la formación de un profesional y sobre todo de una persona.

Hace unas semanas fuimos testigos como dos de mis colegas, usando sus títulos profesionales cuales armas de destrucción masiva; humillaban y menospreciaban a otras personas sin contemplación alguna, con aires de superioridad y claramente, con cero empatía con el prójimo.

Si lo analizamos en torno a los factores anteriormente señalados, dejando de lado sus actitudes, ellos son el ejemplo de un producto exitoso para sus respectivas casas de estudio, si bien uno en mayor medida que el otro, pero en líneas generales, ambos, lograron alcanzar un determinado “éxito profesional” y en lo que respecta a los números, el resultado nos daría un saldo positivo.

Y es aquí donde radica el problema en especifico, porque cuando todo se centra en números, rankings, dinero y “exitismo” lamentablemente, se termina dejando de lado al ser humano en su esencia, lo que lo define como tal, sus valores, ética y sobre todo, su capacidad de empatizar, de pensar y ver  más allá del ombligo.

Estamos frente a un modelo educacional que, a mi parecer, se ha centrado en el desarrollo de habilidades duras, lo cual se ha conjugado con el hecho de que las familias (en todas sus variedades y formas), paulatinamente han dejado de lado su rol formativo (dejando el problema a la universidad) y han pasado a ser, meros proveedores de medios económicos, olvidando muchas veces que de pronto es mas importante entregar valores que un teléfono de última generación y que la palabra “NO”, aunque cueste creerlo, es muy importante para el crecimiento y desarrollo de personas sanas y con tolerancia a la frustración.

Si cada familia se transforma sólo en una herramienta proveedora de medios económicos, dejando de lado su rol formador en cuanto a los valores, la ética, el respeto por las demás personas; y si cada institución educacional sólo se centra en la entrega de conocimientos, en un futuro, lo que ocurrió con estos abogados será pan de cada día.

Les dejo el desafío de que me hagan tragar mis palabras, preocupándonos no sólo por la formación de profesionales de excelencia, sino que colaborando con el crecimiento de personas integras.

Atentamente, uno de los mejores 18.000 abogados del país (y sumando).

Julio Mejías G. / Abogado