Banda tributo

April 8, 2019 2:55 am Published by

badcopi

“El único arte que estudiaré serán las cosas de las que pueda robar.”
—David Bowie

 

De chico había querido tener una banda, la promesa de sexo drogas y rock and roll era demasiado tentadora para dejarla pasar y el ímpetu de los quince era la excusa ideal para hacerlo.

El nombre no fue problema ya que todo lo que oliese a venido del averno estaba bien, además nadie tenía que entenderlo y sonaba lo suficientemente bien para nosotros, -que era lo importante- por lo que después de un debate de tres cervezas por cabeza, el tema estaba zanjado; había nacido Ragnarök. Esa fue la parte más fácil.

La cosa se puso complicada cuando nos dimos cuenta que si bien el rock era nuestro leitmotiv, no teníamos aun un estilo definido ni menos música o letras originales que tocar, ¿Cómo hacerlo si solo sabíamos lo que nos gustaba, pero no el cómo?, los referentes eran cientos, los estilos muy variados y a cada uno le gustaba algo distinto de ellos.

Para resumir la historia, al no tener la más mínima claridad de que hacer, terminamos siendo lo más similar a una “banda tributo”, paseándonos desde el metal, al grunge y todas sus variantes; imitábamos las formas de tocar, de vestir, de cantar de nuestros héroes. Al final nos dimos cuenta que solo queríamos vivir la experiencia del rock; sentirnos genial sobre un escenario viviendo el sueño a través de la voz de otros, que nos permitían- claramente sin pagar derechos- tomar algo de su genialidad y hacerla propia durante unos minutos. Duramos un año.

Mirando en retrospectiva, me doy cuenta que la historia se repite una y otra vez; y si bien ya no tengo quince, ni una banda, me veo constantemente enfrentado al mismo dilema una y otra vez: La búsqueda de referentes versus mi estilo.

Muchas veces se tiene claro el encargo, se tiene una idea “general” de lo que se quiere, pero cuesta darle finiquito a esa idea nebulosa; te gustan partes de tus referentes y tu solución parece ser un poco de todo, tener un poco de todos, pero en definitiva no es nada concreto; nada tuyo.

Igual que componer música o letras originales; el diseño de propuestas propias es tan difícil para principiantes como para expertos. Muchas veces nos tentamos de ocupar las mismas formas, colores, texturas, tipografías etc, que vemos en nuestros referentes, pero la verdadera dificultad no es solo no caer en la tentación de la copia – cosa bastante común en el medio- si no el hacer algo nuevo, transformando una inspiración en una obra nueva.

Pablo Picasso dijo; “Los grandes artistas copian, los genios roban” La genialidad de quienes roban o del arte de copiar, no es una idea novedosa, muy por el contrario, es tan vieja como la vida misma, por lo que la creatividad entendida de este modo es infinita, tiene sustancia para surgir eternamente y en cualquier lugar, como dice el escritor André Gide: “Todo lo que necesita decirse ya se ha dicho. Pero, como nadie estaba escuchando, todo tiene que decirse de nuevo”.

Debemos liberarnos de la carga de tratar de ser completamente originales y, asumir nuestras influencias en vez de renegarlas y huir de ellas. No es malo buscar referentes, revisar la competencia, investigar en qué está la industria e incluso tomar elementos de soluciones que funcionan. Lo malo es pensar que si algo “funciona” para otro, también funcionará para ti sin mediar las condiciones en las que aplicas una solución. Ese es el punto de partida de posteriores fracasos en tus proyectos.

Los diseños memorables tienen un trabajo profundo del cual las referencias tienen un lugar importante, pero no solo basta con “pintar” de forma distinta el mismo cuadro para creer que se tiene una obra nueva y mucho menos una obra maestra.
Más originales y menos tributos.

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño