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May 6, 2019 12:34 am Published by

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“Estudia no para saber una cosa más, sino para saberla mejor”. -Séneca

 

Hace unos pocos días atrás un ex alumno me contactaba para pedirme una carta de recomendación ya que se encuentra en proceso de postular a uno de esos magister en que les gusta escudarse en el “filtro previo” esa excusa en caso de que tu apellido, universidad o recomendante no sean los adecuados.

El tema me hizo reflexionar bastante sobre la posición de ambas partes en el tema de las motivaciones de seguir estudiando, la oferta y demanda, el verdadero sentido que le damos y esperamos de seguir estudiando y del como muchas instituciones juegan con eso.

Al final no le di la carta; pero les comparto algunas de las razones que le di para no hacerlo. Si bien podría – como es común en Chilito- haberme sacado el pillo y haber dado alguna excusa; o lo que encuentro peor, haberle dado una carta – en la cual se me advierte tratar de “ser idealmente objetivo”- donde podría inventar una linda historia sobre alguien que solo conocí durante un año como alumno y de quien no sé nada de su desempeño profesional, capacidades de liderazgo o trabajo bajo presión o cualquiera de las capacidades cliché que se piden como un check list en una recomendación o CV.

El factor humano

¿No sería más fidedigno pedirles a los actores claves dentro de tu periodo formativo que opinaran sobre lo que vales como persona? ¿A tu director de carrera, a tu profesor de título – el que te guio en la etapa más crítica de tu carrera- a tu tutor de practica o a tu primer jefe?

¿No serian ellos la mejor referencia para conocer tu capacidad de trabajo contra tiempo, con presión, tu tolerancia a la frustración, tu resiliencia ante las 100 veces que pensaste dejar la carrera y seguiste ante todo?

El factor humano esta infra valorado y se sigue pidiendo: “determinar fortalezas y debilidades del/la postulante, ubíquelo(a) en relación a sus capacidades dentro de su grupo de pares” como si de segmentar un producto en focus group se tratara, quizás preguntar “cual sabor le gusto más y porque” tendría más sentido a la hora de categorizar algo, pero nos siguen tratando como algo que debe pasar la prueba de blancura o juntar los puntos necesarios como si del examen de un espartano se tratara, el que de no pasarlo, nos destinará al desecho al acantilado.

Pedir una referencia cuando recién tienes pocos años de titulado y menos de experiencia es poner el palo en la rueda, antes de subirse en la bicicleta. Si eso no es una segregación, no sé qué es, es mejor ser honestos en poner esto en los requisitos: “Master para profesionales con 3 años de experiencia demostrable” y así no nos hacemos falsas esperanzas.

Las ganas de aprender

Aunque les parezca raro, es uno de los factores más relevantes a la hora de comenzar una especialidad en tu profesión, ¿realmente tienes ganas de aprender o necesitas el título para mejorar el sueldo? ¿Te interesa el conocimiento y aprovecharlo o es más valiosa la red de contactos que logras en un magister caro y en una institución grande?

Ambas vías validas pero en contextos distintos y, por si alguien aún está perdido, la universidad se basa en la búsqueda y entrega del conocimiento – investigación y enseñanza le dicen- para una red de contacto buena, junta plata para el club de golf o la logia de la secta de tu agrado.

Abogo a la conciencia de los planteles universitarios, para que la educación aparte de continua sea progresiva y acorde a los costos, no del mercado educativo, sino de la capacidad de ahorro y gasto de quienes no parten ganando lo que ellos esperan por el “mercado” para fijar sus precios tan inflados como la idea de diseño que profesan.

Abogo a la conciencia de quienes continúan con sus estudios, para que aprender sea el norte. Hasta ahora conozco a muy pocos que han aplicado lo aprendido en un magister en algún proyecto en su trabajo o enseñando a otros. Eso nos da una idea de cómo se están perdiendo las capacidades de una profesión; en un goteo incesante que de a poco nos está dejando secos por dentro.

Quizás cuando dejemos de nivelar la educación con un mercado profesional especifico, dejaremos de pensar en los alumnos como productos categorizables y comenzaremos a formar orgullosos profesionales.

Por ahora solo espero que quienes agrandaron su deuda con un crédito, no lo hagan con sus propias capacidades profesionales.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño.