Los vampiros del tiempo

May 20, 2019 12:39 am Published by

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Malgasté el tiempo. Ahora el tiempo me malgasta a mí  -William Shakespeare.

Hace unos días atrás mi amigo sacha, hacía mención a los vampiros emocionales esos que te roban  energía al contarte sus dramas o aburriéndote con temas que no te interesan, para dejarte tirado después de haberte “infectado con sus problemas”.

El tema me hace mucho sentido y la verdad es que estamos rodeados de varios tipos de vampiros que profesionalmente, terminan por desgastarnos y someternos en base a promesas que nunca se cumplirán, manteniéndonos cautivos de su inoperancia disfrazada de gestión profesional.

A veces es muy fácil culpar a una generación, al tipo de crianza o a la educación por el cómo las personas formadas bajo su alero se comportan al llegar a la adultez. Pero sin ser un experto, puedo hablar a modo de usuario y una victima colateral del zeitgeist imperante.

El espíritu del tiempo actual, denota -contra toda predicción- que nos hemos achanchado y, claramente no es solo un tema de físico, sino que nos hemos relajado más de la cuenta en nuestro hacer, al ser muchas de las cosas que definían el antiguo espíritu del emprender, más fáciles que de lo que eran antes.

No creas que estoy en contra de la tecnología, las apps, el mercado digital o cualquier cosa que me pueda facilitar la vida, no. De lo que si estoy en contra es del adormecimiento social que ha provocado la contradicción imperante de querer cumplir los objetivos personales, pero ser incapaces de concretarlos. Quisiera culpar a los hípsters y la caricatura que se hace de ellos, pero el tema va más allá de eso. Hay un velo de pesadumbre que está desinflando a la sociedad y del cual las nuevas generaciones son las victimas predilectas.

Nacidas en la era de las cosas ágiles y simples, el Internet y las comunicaciones, estas personas se han vuelto los vampiros de quienes les llevamos distancia generacional.

Creo que me he convertido -a mi pesar- en la agenda del entorno con el cual trabajo; debo recordarle a mi contadora que haga su trabajo, a mis proveedores que me cobren, a mis socio que cumplan la palabra empeñada, y a mis empleadores que me paguen lo que deben. Mi trabajo se ha contaminado con una gestión extra que nadie me paga; una sangría de estos vampiros de mi tiempo, que más allá de sus buenas intenciones y  modos como persona, hacen que todo lo que soy capaz de proyectar se haga cada día más lento y con mayor incertidumbre.

Sin temor a sonar al robot que reconocidamente soy, detesto con vehemencia a quienes usan y abusan de mi tiempo y me desgastan con una incertidumbre que no me deja avanzar mas allá de lo que de ellos depende se pueda hacer, provocando un abismo infranqueable donde miles de nuevos proyectos se quedan entre las ganas de hacer y su real ejecución. Una pena.

Quizás por eso solo algunos pueden ser llamados verdaderamente emprendedores; quizás en ellos radica el repositorio de una llama que se niega a ser extinta, a pesar de que todo juegue en su contra. Un emprendedor no tiene tiempo; siempre va en su contra. Y no es que uno sea pobre porque no quiere trabajar; quizás los que dicen eso les pagan en menos de 60 días, les responden el mail y el whatssap en menos de una semana y tienen un equipo de gente que se encarga de apurar las cosas.

Yo no, y en mi urgencia de hacer, solo busco desesperadamente una solución alternativa a la estaca en el corazón que no le vendría mal a varios vampiros de mi tiempo.

Espero encontrar un equipo que cumpla; antes de que me explote el colon (nuevamente).

Rafael Chávez
Director El Diario Diseño