¿Quieres crítica, o un abrazo?

June 10, 2019 1:22 am Published by

critica

 

Aunque bastante resistida por muchos, la crítica es una de las partes fundamentales del proceso de diseño, una oportunidad formal de “decirnos a la cara” los pros y contras de nuestros proyectos.

Para muchos la crítica es aún un concepto de libre interpretación, donde prima la descalificación visceral antes que un análisis racional y justificado de los puntos a confrontar. Los que pasamos por una escuela de arte o diseño se “supone” que aprendimos a hacerlo, pero la verdad es que fue un doloroso y vergonzoso proceso de ensayo y error al cual nos vimos enfrentados un mayor número de veces que el resto de los mortales y que seguimos repitiendo –con menos vergüenza y más cuero de chancho- frente a los clientes.

La verdad es que en la escuela nunca aprendimos explícitamente a criticar; fue un proceso experiencial, donde sabíamos que la palabra muchas veces “sagrada” del profesor no debía ser negada o desafiada por otra postura, ya que siendo francos en primer año de una carrera nueva “se supone” que no sabemos más que alguien que lleva años en eso.

El tema se comienza a poner oscuro cuando nos llega el tiempo de criticar a los pares. ¿Cómo ser conciso, criterioso y justos cuando nuestro validador de buen diseño había sido nuestra abuelita? Claramente un “mi abuelita me dijo que le gusto” no es un salvo conducto valido para nadie, aunque más de una vez y fuera de todo pronóstico, alguno de mis alumnos lo uso como su propio salvavidas de plomo.

La mayoría al recibir una crítica, se siente automáticamente tentado a reaccionar racionalizando sus actos para justificar sus decisiones de diseño, eso siempre se verá como defensivo porque creemos estar esperando validación y no un juicio por nuestro proceso y menos por la falta de este, eso es una patada en la cabeza para cualquiera.

Si partiéramos por entender que esto no es un ataque personal y que la emocionalidad no es una respuesta válida para defender un proyecto, muchos malos ratos se habrían evitado.

Es muy fácil confundir critica con juicio, cuando entendemos la primera solo como una opinión perceptual -no me gusta porque si nomas y ya- antes que una divergencia de puntos de vista – lo hiciste así, pero podrías haberlo hecho de esta otra forma- ya habríamos logrado la paz mundial.

Lo que en verdad nos calienta de la crítica es que al no saber -la mayoría- recibirla o entregarla, termina siendo más parecida a una pelea de bar del viejo oeste, que un mecanismo de mejora.

Aun no entendemos que no tenemos que estar de acuerdo con las críticas que se nos hagan, menos si tenemos como demostrar lo contrario – suponiendo que no todo ha sido en un tono negativo- La crítica no es un mandato, es otra visión de nuestro trabajo, quizás un punto ciego de algo que se nos pasó esta vez y que será un aprendizaje para la próxima.

Es quizás por esto que nuestra formación como diseñadores siempre fue sufrida; todos tratando de entender que fue lo que dijo el profesor y finalmente haciendolo al pie de la letra en vez de sacar aprendizajes de una “corrección” que tomamos como edicto real.

Mi consejo es simple; escucha, anota y haz que tu contraparte se sienta validada por tu atención- aunque en verdad le valga madres lo que dijo-. Es fundamental que también generes expectativas sobre lo criticado, ya que todos esperan ver sus críticas hechas realidad en la próxima reunión y sabemos que eso no es verdad, menos si es para ayer y son cosas locas y poco reales.

La añorada educación del cliente y del propio diseñador comienza por el simple hecho de la crítica. Una “mala crítica” es una de las cosas más valiosas que un diseñador puede recibir, ya que pone en cortocircuito tu punto de vista y te ayuda a ver las cosas de formas nuevas y únicas, rápidamente.

No pidas crítica si solo quieres validación, para eso está la abuelita. Si quieres un abrazo, solo pregúntales.

Rafael Chávez S.
Director/ El Diario Diseño