Mamá; no quiero ir al colegio

June 30, 2019 11:00 pm Published by

bucle

 

¿De qué me sirve el colegio? Esa fue una pregunta que me hice con frecuencia durante los 12 años que asistí a sus aulas. Muchas veces me cuestionaba de que me servirían muchas de las cosas que ahí me enseñaban. En retrospectiva entendí – años después- que el fin de todo fue crear una “base” de conocimientos y cultura; “para no ser tan redondo” como diría mi padre.

Ya saliendo de la universidad escuche de un colegio, “el colegio de diseñadores” y medio en broma y medio enserio con mis compañeros, jugábamos con la idea de volver al colegio para seguir aprendiendo lo aún desconocido de mi profesión -nada más alejado de la realidad-.

El colegio de Diseñadores, según el comentario de muchos de nuestros colegas, sería una piedra en el zapato de la profesión. Ya que no enseña nada, no representa nada -para muchos- y no propone nada. Una pálida sombra, de su idea fundacional.

Algunos dirán que esto es injusto y calumnioso; pero aclaro, es la experiencia que me ha tocado vivir por los últimos 14 años, desde que supe de su existencia.

Respeto profundamente la idea por la que se creó y a José Korn uno de sus creadores y su primer presidente, quienes tuvieron los cojones de parar una institución en plena dictadura, para defender los intereses del gremio. Pero es sólo eso; la evidencia de una crisis institucional y del como a perdido sus ideales en el tiempo, no la intensión de vanagloriar o lapidar a ninguna persona en particular.

Las personas pasan; pero las instituciones y sus acciones quedan y, hoy concretamente no sabemos nada del colegio; ¿Para qué sirve?, ¿Qué protección me da?, ¿Qué garantías me da?¿Me ayuda en algo?

El desconocimiento de la institución y el valor de su gestión, han llevado al colegio de diseñadores a la sombra, de la cual su incapacidad de demostrar su utilidad en el medio actual, lo ha empantanado de forma casi mortal.

Entiendo que muchos crean que criticar es fácil; ya que no se propone nada y solo se enumeran fallos; pero antes de seguir debemos entender un punto clave: ¿Quién de todos los que piensan igual a mí, hace algo? Quizás más de uno se ha colegiado y paga sus cuotas e incita a otros a sumarse, pero más que eso no se puede hacer por él.

Sin un estatuto claro, sin directiva renovada y propuesta de ideas claras es difícil saber qué es lo que se intenta rescatar. A eso sumémosle que ser parte de la directiva es un trabajo por el cual no recibes un peso y gastas mucho de tu tiempo.

¿Quién en su sano juicio querría este tipo de calvario? El ad honorem no tiene nada de honor; sino más bien muchos dolores de cabeza y muchos costos y tiempo perdidos. Ser sindicalista es un trabajo y, uno duro en verdad. Uno que requiere vocación y apoyo de los pares – y no estaría mal un sueldo- para dar marcha a todo un gremio.

La situación está actualmente en un punto muerto. Para tener nueva directiva hay que votar los nuevos estatutos, tener quorum, una mayoría simple y recién después de eso se puede elegir una nueva directiva y desde ahí comenzar a trabajar una nueva propuesta.

Estamos en un bucle, donde captar nuevos colegiados, sumarse a cada proyecto existente y asistir a todos los eventos posibles, parece ser la única forma de marcar presencia y evitar el olvido total. De esto otras asociaciones gremiales han aprovechado el interregno y han comenzado a consolidar sus cofradías. Sí; no puedo llamar de otra forma a una asociación gremial que no permite entrar a cualquiera, que arma premios en nombre del diseño para premiar a sus clientes, argumentando que premiar a los diseñadores seria mirarse el ombligo y sobarse el ego. Un negocio redondo.

Crear un colegio profesional es un trabajo monumental; mantenerlo otro mayor aun. Quizás la solución sea partir de cero una vez más; re encantar a un gremio huérfano de una institucionalidad abierta y plural, que por volumen sea capaz de lograr que sus demandas sean escuchadas.

Por ahora me quedo con las acciones particulares y aisladas de algunos que siguen enseñando, compartiendo y armando comunidad.
Así que por ahora, prefiero no ir al colegio.

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño