Más futuro y menos unicornios

August 26, 2019 2:45 am Published by

unicornio

Nos gusta el futuro; es como la resolución de todo, el final feliz del cuento donde alguien ya logro solucionar todo el desmadre que tenemos hoy  con la humanidad y el mundo y ya podemos pensar en la paz mundial y tomar piñas coladas guata al sol.

Otra cosa que nos encanta es la palabra innovación, porque suena a futuro y su idea romántica y gloriosa de resolver los problemas del mundo se oye bien, es cool y todo eso, pero la verdad es que es una joda y una grande en verdad.

La innovación por lo general requiere emprendimiento para ponerse en marcha y ahí es donde caemos redonditos con la idea de crear nuestra propia empresa en el garaje y ser como Steve Jobs y dominar el planeta. El sueño de atrapar al unicornio.

Para quienes no están familiarizados con el tema, el término “Empresas Unicornio” o unicornio a secas hace referencia a una empresa tecnológica que llega a alcanzar un valor de 1.000 millones de dólares en cualquiera de sus etapas durante el proceso de levantamiento de capital.

Se trata de negocios emergentes e innovadores con una gran cuota de mercado y muy escalables. Esto hace que este tipo de empresas puedan llegar a crecer rápidamente y ser internacionales, aunque todavía no tengan una estructura muy consolidada. El nombre de “unicornio” evoca el carácter mágico y fantástico que para algunos tiene el éxito de estas compañías. Suena lindo ¿no?

Cada semana me llegan correos desde mi banco ofreciéndome créditos para empresa, apoyarme en mi negocio o capitales para publicidad; ese mismo banco que me cerrará la puerta en la cara cuando mi producto no triunfe, comience a vender menos y las deudas se acumulen, ahí no tendrá el mas mínimo empacho en ir con una gran sonrisa a embargar las cosas de mi casa para pagarse del préstamo.

Innovar y emprender son necesarios, pero debemos sincerar el fracaso como parte del proceso. Sé que fallando más temprano, seguido y barato podré llegar más rápido al producto y/o servicio ideal, pero la verdad es que hay quienes no podemos darnos ese lujo. Perder a la familia, la plata, los amigos, más plata, el colón, los sueños, la salud y más plata es un panorama aterrador que solo un desquiciado querría volver a repetir una y otra vez después de haber fracasado antes.

Innovar se ve lejano entre tanto anglicismo de un ecosistema que se siente más ajeno que acogedor para quien se juega la vida con una idea. ¿Cuántas ideas mueren para que uno pueda triunfar? ¿Cuántos lo pierden todo a pesar de la porfía?

La Innovación está matando el futuro; la innovación quiere productos que den valor instantáneo, y que aseguren el retorno de la inversión a corto plazo y nosotros aún seguimos queriendo cambiar el mundo para nuestros hijos en treinta años mas ¿ven la dicotomía?

¿Cómo no entender al diseño como algo estético si es lo único que el mercado demanda de él y ya caímos en su juego? ¡Haaaa noooo pero el diseño aporta muchas cosas como dices eso nada que ver! ¿Y cuánto permanece en el tiempo la campaña en la que trabajas en tu agencia? ¿Cuánto dura el afiche en la pared? ¿La grafica del supermercado o del retail? Nada; una lagrima que se pierde en la lluvia como diría Roy Batty; ¿Para que sirvió todo el esfuerzo y cinco años de carrera? ¿Para terminar haciendo eso? Estamos para cosas mejores.

Bueno, si tampoco soy –tan- pesimista, el punto acá es poner en valor el valor del futuro y del diseño como la herramienta que es capaz de forjarlo desde el presente y no quedarnos pegados solo en las pegas que nos pagan las cuentas todos los meses.

Si vamos a innovar y no podemos darnos el lujo de perder plata, tiempo y vida en un modelo tradicional o malgastando talento encerrados en los corrales de una agencia, debemos entender que la única forma de salir de este círculo vicioso de la innovación y emprendimiento de mercado, es comenzar a pensar en un modelo de ambos a largo plazo. Pasos secuenciales de múltiples acciones que apunten de forma gradual a un mismo objetivo futuro.

Estoy seguro que una “idea social” para que recojas un papel de la calle al día, podría transformarse en una educación cívica de reciclaje en 5 años más, en talleres en 8, en un esfuerzo comunal en 10 y en política pública en 15. No lo sé, pero sí creo firmemente, que será más simple, creara más valor directo y será más reconfortante, que apostarlo todo para buscar a un unicornio que se puede transformar en pesadilla.

No dejes de soñar; con un ancla amarrada al pie.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño