Huevos de Serpiente

September 2, 2019 1:13 am Published by

serpiente

¿Tú sabes porque se venden más huevos de gallina que huevos de serpiente? Fácil; la serpiente no cacarea. Parece de Perogrullo, pero con esta simple analogía un amigo me dejaba en claro lo que siempre me ha costado hacer; venderme junto con mi trabajo.

Es que no soy de vanagloriarme o, al menos asi me parece un poco todo esto de venderse junto con la obra realizada. Pero es verdad y quizás aunque suene un tanto peyorativo el auto bombo es justo y necesario en un “ecosistema de diseño” cada vez más salvaje.

Para algunos como yo, el trabajo habla por ti y, si haces algo bien de forma constante no tendrás problema en que todos lo sepan. Y es ahí donde comienza el problema, la divergencia entre lo que es y lo que debería ser; la verdad es que pocos te reconocen los méritos y muchos hacen un vínculo directo entre quien habla más fuerte y el trabajo realizado, dejando muchas veces una gran injusticia de por medio.

A muchos les gusta cacarear los huevos por chicos, podridos y deformes que sean ya que en ello radica la mantención de su estatus quo, esa capacidad de flotar junto a la marea y estar en el momento justo en que salen los resultados para obtener algo del rédito. Lo mas parecido a un lauchero en el área chica esperando una pelota perdida para marcar el gol sin esfuerzo.

De un amigo que “trabajo” en el KAIST (Korean Advance Institute of Science and Technology) conocí el modelo que habían desarrollado para medir la eficiencia y eficacia de un proyecto y, fuera de todo pronóstico donde supondríamos un análisis de métricas y factores metodológicos, ellos centraban su indicador en el grupo de trabajo. Para los coreanos existen cuatro tipos de “personajes” dentro de todo grupo de trabajo, independiente del cargo o nivel de conocimientos y que siempre se replica de la misma forma: Estrellas, Caballos de tiro, rebaño y madera muerta.

Cada personaje cumple a su pesar una tarea definida e invariable dentro del proyecto:

Las estrellas son quienes no hacen nada pero siempre están ahí para vender el proyecto, son empáticos y simpáticos, los vendedores por excelencia y con personalidad de sobra para venderle arena a un beduino y que este acepte gustoso, llevándose el grueso del crédito por el negocio cerrado.

Los caballos de tiro, son los que se llevan todo el trabajo, son los responsables y trabajadores hasta la saciedad, los que trasnochan, llegan primero y se van de último todos los días y que al final solo reciben una palmada en la espalda por todo su esfuerzo.

El Rebaño es esa “masa crítica” de gente que necesitas para tareas mecánicas dentro del proyecto, son lo más parecido a un mal empleado público; harta conversa, harto café y harto sacar la vuelta.

La madera muerta es simplemente el flojo, ese que solo se supera a si mismo por sobre el rebaño para no hacer nada de nada; mucha licencia por dolor de pelo, extensas sesiones de lectura o juegos de celular en el baño y paquetes enteros de cigarros fumados en eternas horas de almuerzo.

Es sorprendente lo fácil de identificar estos estereotipos en cada oficina, grupo de trabajo y equipo del mundo. La gracia es saber equilibrar el porcentaje de cada uno de estos inevitables personajes.

Como aprendizaje de todo esto saco en limpio dos cosas: Primero, lo difícil que es nadar contra la corriente de la imposición social, el que habla más fuerte y bonito seguirá siendo valorado, hasta que el medio aprenda a valorar el trabajo de fondo y no solo la forma.

Segundo, no por mucho quererlo las cosas van a cambiar de la noche a la mañana, por lo que la única forma es demostrar el valor creado con proceso y argumentos técnicos, eso nunca lo podrá hacer quien no haya trabajado realmente en el proyecto.

El valorar nuestro trabajo, es uno de los trabajos que requiere más valor.
Comencemos a cacarear, pero con fundamentos.

Rafael Chávez S.
Director / El Diario Diseño.