Mercado porcino

September 9, 2019 2:23 am Published by

pigs

Fue a Néstor “Pipo” Gorosito jugador e ídolo de la UC de los 90, al primero que le escuche el término “achancharse”. Según el pipo, el pasar de un medio competitivo como el argentino a uno más relajado como el chileno, terminaba por achanchar a los jugadores; hacerlos más gordos, lentos y flojos a la hora de competir, ya que les sobraba talento y eso bastaba para destacar en un medio relajado como el nuestro. Claramente él no estaba de acuerdo con seguir esa ideología, pero se veía envuelto en un medio laxo que no lo ponía a prueba y donde alguien con talento y convicción era fácilmente un rey.

Lo lamentable de esta anécdota es que las cosas siguen siendo bastante similares a los años 90; mucha demanda por habilidades duras y blandas, exigencia de currículos con experiencia y ojala bien cargados a la especialización; su diplomado o magister son un hecho y ojala de los caros en universidades reconocidas… ¿para qué? , para postular al mismo puesto en que no le podrás sacar mucho lustre a las habilidades y que se convierten en un marco más adornando una gran oficina, mientras comienzas a engordar para rellenar tu asiento.

El medio chileno del diseño es achanchado, pide mucho en forma y poco en fondo, se desinfla en el momento de la acción y seguimos vanagloriando los títulos por sobre los hechos; premiando a las mismas agencias, con los mismos proyectos de los mismos clientes de hace diez años, lo que para muchos es un logro total en un medio saturado de mega agencias donde el nombre y las cuentas que llevan pesan a la hora de ser elegidas por sus clientes.

Por suerte, la cosa ha comenzado a cambiar y para bien. Ha vuelto a surgir un espíritu competitivo con matices humanos, no ese de sacarse los ojos por una cuenta y del matar o morir que a muchos les gusta predicar. Ha resurgido una mentalidad de que las cosas se pueden hacer bien si armas un buen equipo de gente comprometida y que sepa hacer bien lo que sea que haga.

El peor indicador que pueden tener quienes comienzan es la vara con la que el mercado achanchado se mide a sí mismo. Una estantería llena de trofeos no es indicador de la humanidad de sus trabajadores, ni de su empatía, o amor por la profesión y, si bien no dudo que exista, nunca será comparable a esa pequeña agencia de cuatro personas que logran su primer cliente, un buen resultado y una consiguiente recomendación.

Para un mercado saturado de las grandes que pelean por los mismos clientes de siempre, hay miles pequeñas que no necesitan teñirse de esa ideología beligerante; el mercado es tan grande como las necesidades en él y hoy por hoy las necesidades se encuentran por miles. ¿Y aún te asusta no tener pega?

Una agencia grande demora proporcionalmente el doble de tiempo y con diez veces más costo en generar un equipo que se adapte a las nuevas tecnologías para ofrecer el mismo servicio que una pequeña al mismo cliente. ¿Quién tiene las de ganar?

No le temas a las agencias grandes, mercado y clientes sobran, el verdadero problema es que caigas en su juego de pensar que si no haces las cosas como ellos no tendrás trabajo. No le temas al cliente pequeño con el encargo simple; más temible es achancharse, dormido en los laureles de haber logrado algo para tratar de mantenerlo por años, alargando el chicle de las glorias pasadas que no aportan nada al presente.

Parte de abajo, con un cliente pequeño, crece y aprende de cada uno, arma tu equipo y mantente actualizado. No todos nos convertiremos en diseñadores famosos, pero si pasa que sea por lo bueno de tu trabajo.

Recuerda que no es por la fama que estudiamos diseño.

Rafael Chávez
Director/El Diario Diseño