El talento, Ta-lento

October 7, 2019 12:22 am Published by

talento
Hay cosas que sabemos por defecto. Conocer nuestros límites es una de ellas así como el sentir el momento exacto para aumentar nuestro espacio de confort y expandir los límites en base a nuestras capacidades. A eso le llamamos crecer.

Si de una cosa estoy consiente al 100%, es de mi condición humana de ser un ignorante – ya que nunca lo sabré todo- es inherente a mi ser y a todos quienes me rodean y, que el mayor mal que podríamos hacernos, es el creer saberlo todo cuando en realidad solo somos menos ignorantes que otros en algún tema.

Yo no le temo a la ignorancia; le temo mucho más a la desidia de la conformidad con ella. Quien se crea incapaz de aprender es una de las cosas que más me molestan de la generación actual.

Se supone que en ellos estamos depositando el futuro, que las empresas y trabajos que aún no se inventan saldrán del semillero de una generación que nació con internet, ultra comunicado, en la aldea global y que es capaz de entender y procesar una mayor cantidad de información, de forma más simple que la estructura mental con la que yo crecí.

Últimamente me he encontrado con jóvenes talentosos que aceptan sin vergüenza el ser flojos por elección. Pareciera ser la salida más obvia para sus problemas, justificando en su desidia de ser y hacer, la falta de resultados en el quehacer de su vida, aunque talento les sobra.

Yo podría entender que una persona se reconozca limitada; siempre hay factores que pueden ser una limitante en el aprendizaje, pero nunca los ha habido para la voluntad, ni en la persona más limitada mental o físicamente, pero cuando me dicen “es que me da flojera” ahí no logro entender la raíz del problema. ¿Si Forrest Gump lo logró, porque yo no?

Creo sin ser especialista en el tema, que las causas sociales de esta flojera que se instaura como único eslogan de una generación apática a todo, no se debe a causas de voluntad, sino más bien a los factores que han provocado la flojera como una coraza y sus causas son varias:

Tenemos una generación micro ondas: El cambio de paradigmas entre lo lento y dificultoso de realizar una tarea, a lo rápido y simple, provocado en gran medida por internet, ha desarrollado una idea de inmediatez. Si no logro realizar la tarea rápido, ya no me interesa.

Baja tolerancia a la frustración: Si no resolvemos el problema a la primera y rápido, ya no queremos seguir intentando; el fallo reiterado no es visto como un medio de aprendizaje, sino como un refuerzo a la sensación negativa que no queremos volver experimentar, eso sumado a un bullying instaurado al que no sabe o es más lento; potencia la actitud de no querer hacer algo por el miedo a fallar.

Alienación profesional: En carreras como diseño, la parte técnica tiende a tener más protagonismo que la parte teórica, por lo que en algún momento creemos que el saber hacer es la única forma de validación, dejando nuestro saber en un interregno que mezcla al técnico con el profesional y que nos quita la capacidad crítica y analítica y nos deja solo con una capacidad mecánica que atrofia nuestra capacidad de crear valor.

Creo que el talento se está viendo amenazado por una estado que tiene un discurso incongruente ante lo que espera para el desarrollo del talento. Por un lado pretende que la innovación sea el polo de desarrollo del país y por el otro incentiva la creación de mano de obra técnica como medio de movilidad económica, dejando un espacio vacío para la creación de valor e inclinando las opciones de emprendimiento tecnológico y de real potencial económico para la élite de un sector específico.

El talento anda lento, y potencial hay mucho como para perderlo, no creo que todo problema sea solo de dinero y de opciones. La forma de romper el círculo vicioso es seguir adelante y dar la pelea, quitarse los prejuicios sociales y mentales, para comenzar a demostrar que siempre que se quiere se puede y que la flojera nunca podrá opacar un talento innato.

Rafael Chávez S.
Director/ El Diario Diseño.