Diseño; el verdadero pacto social

November 11, 2019 1:36 am Published by

contrato social

Aún con las aguas agitadas por la contingencia social imperante en el país he escuchado en reiteradas ocasiones sobre la necesidad de un “nuevo pacto social” como medio para comenzar el largo camino a un nuevo país más justo y equitativo.

No sé si me perdí mucho en estos últimos años de vida; pero la verdad es que no se cuál es el “antiguo pacto social” que debe dar paso al nuevo. La verdad es que creo que nunca lo hubo y a lo que llamamos transición, no fue otra cosa que adaptarnos a un modelo de mercado que se disfrazó muy bien de prosperidad/normalidad y que nos hizo creernos ese cuento de ser los jaguares de latinoamérica y comenzar a ver al resto del continente como seres inferiores.

Las razones de nuestro actual clasismo y consiguiente polarización social, fueron los resultados de una brecha que se incubó sobre la base de nuestro modelo de felicidad, que terminó por permear el modelo de éxito que definió a nuestra generación y de paso a nuestras profesiones.

Pasamos de un diseño exploratorio enfocado en la innovación y utilizado como herramienta de desarrollo de la industria nacional en los 60’s, a un diseño boutique, cada vez más centrado en la estética para nichos específicos en los 90’s, dejando de lado la función del valor social, por la del valor estético que potenciaba con alevosía una brecha cada vez más profunda y, de paso dejando que los chinos se hicieran cargo de inundar/satisfacer con sus productos las necesidades del otro 99% que no podía consumir el ahora segmentado y endiosado diseño de autor, matando de paso la industria nacional.

Todos caímos en la trampa. A todos nos pasó por la cabeza el sueño de ser de esa elite y codearnos con nuestros ídolos europeos y americanos. Soñar nos quitó el foco de la realidad, la que ahora nos golpea por todo lo que fuimos incapaces de observar y actuar a tiempo.

Vivimos en la modernidad líquida, es decir, un periodo en el que las características de la vida humana y social se descomponen y se derriten antes de que cuenten con el tiempo necesario para fijarse. Cambiamos de moda y tendencia tan rápido, como la temporada primavera-verano de un retail, tratando de adaptarnos a ellos antes que a lo que nos define culturalmente; esa cultura que nos cuesta definir, porque no sabemos cuál es, al igual que el pacto social que pretendemos cambiar.

La cultura fue concebida originalmente como un agente de cambio, una misión emprendida con el objeto de educar a las masas y refinar sus costumbres. Pero en nuestro mundo contemporáneo de la modernidad líquida, la cultura ha perdido su rol misional: ya no busca ilustrar e iluminar al pueblo sino seducir al público.

Inserta en una sociedad de consumo, su función no consiste en satisfacer las necesidades existentes sino en crear necesidades nuevas, y a la vez garantizar la permanente insatisfacción de las que ya están afianzadas. Así, la cultura actual se asemeja a una gran tienda cuyos estantes rebosan de bienes deseables que cambian a diario, en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales clientes.

El pacto social es el diseño. Y la capacidad que tiene de integrar en sus soluciones que crean valor específico, características del multiculturalismo, lo transcultural, la multiplicidad de objetos, su rápida obsolescencia y la aceleración del tiempo.

Tal como dice Zygmunt Bauman, “Requerimos de un diálogo entre culturas en el que las comunidades se abran mutuamente e inicien un intercambio que las enriquezca en la búsqueda de una humanidad común. En un espacio en donde el otro siempre es el vecino, cada uno recibe un llamamiento constante a aprender de todos los demás”.

Algunas vacas sagradas aun pululan entre nuestra profesión y, con aires de genialidad predican sobre cómo se deberían hacer las cosas; esas que nunca hicieron. Parafraseando al gran Mauricio Redolés; les digo: “Yo prefiero el caos a esta realidad tan charcha”, quizás de este caos aparente y necesario, salgamos más claros y re diseñados de lo que nunca fuimos.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño.