El que diseña pasa

November 17, 2019 11:00 pm Published by

cruzar

Vas en tu auto y te encuentras con un bloqueo, la gente que está en el camino te dicen que debes bajarte y bailar si es que quieres pasar…comienza el reto.

“El que baila pasa” se ha convertido en una suerte de cadalso popular, en donde todos debemos someternos a los designios de una sociedad movilizada. Para algunos, una vergonzosa remembranza a la práctica nazi que ridiculizaba a los judíos del gueto de Varsovia y para otros solo un acto lúdico de apoyo al movimiento.

Si bien podemos tener variadas reacciones ante algo que consideramos justo o no, yo prefiero ver la idea de fondo que trae un reto como este; quieres pasar y debes hacer algo ¿lo harás o no? ¿Puedes? ¿Darás argumentos? ¿Cuáles son?

Nos gusta hablar de normalidad porqué esta no nos pone a prueba, el status quo es la forma más simple de mantenernos tranquilos y perdurar un cargo en el tiempo con un esfuerzo mínimo, ¿pero qué pasa cuando nos vemos forzados a demostrar nuestra valía profesional? ¿Cuántos pasarían la prueba? ¿Cuántos hacen realmente lo que dicen poder hacer o saben lo que dicen saber?

La comodidad de la normalidad es una droga dura en cualquier profesión y más costosa aun en el diseño; es cautivador y fácil achancharnos en una idea de profesión, como si haber logrado el titulo nos infundiera de una capacidad permanente e inmutable de sabiduría imperecedera.

El mundo cambia y se actualiza con velocidad vertiginosa y al parecer nos estamos quedando cortos como profesión en poder entender, proponer y solucionar problemas con las herramientas actuales, pero ¿quién desarrollará nuevas herramientas? ¿Quién generará nueva investigación? ¿Quién pensará en nuevas opciones y campos de acción?; lamentablemente pocos y lo peor es que no generan el interés en un medio que crece arrimado a las técnicas de otros como la antropología, el marketing y la publicidad. Esta bien el complemento ¿pero el desarrollo propio? O va muy lento o derechamente se nos olvidó.

Para no ser injusto, no puedo dejar de celebrar la labor de iniciativas como la Enedi, o las publicaciones independientes de docentes investigadores que al alero de sus instituciones intentan equilibrar la balanza de este medio tan injusto con la discusión e investigación, cosa que debería ser la norma imperante en nuestra profesión.

A veces pareciera que tenemos más teoría escrita, que puesta en acción creando cambios significativos. Existe una parálisis provocada por el conformismo del mercado imperante, que nos impide producir ideas para confrontar con otra óptica los problemas y producir transformaciones de valor.

“El diseño es una disciplina que permite ir más allá de la concepción lineal de la realidad que existe en otras disciplinas como en la economía, pero que ha demostrado ser insuficiente para atender los problemas a los que nos enfrentamos” decía en la última conferencia de Cumulus, su presidenta Mariana Amatullo.

Más allá de proponer soluciones inmediatas y perfectas, el diseño es una reflexión sobre aquellas dimensiones humanas que no pueden olvidarse en los proyectos e ideas que definirán el futuro y ha de ser más flexibles, horizontal y comunitario para poder dar abasto a las necesidades y retos que supone el mundo contemporáneo.

En un país acostumbrado a medirse por la vara de la eficiencia, eficacia y su posición en rankings internacionales, nos dimos cuenta a la fuerza que a veces al meter algo de presión, logras que cosas que no se hicieron durante treinta años, se pudiesen aprobar en un mes.

Quizás nos falta ser realistas, demostrar más y teorizar menos; que el que diseñe pase.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño