La voluntad de diseñarnos

December 9, 2019 4:35 am Published by

voluntad

La actual crisis de sostenibilidad social que atravesamos como país, se basa en la acumulación de uno de sus factores más relevantes: La incapacidad de comprensión del contexto y sus funciones fundamentales para construir una sociedad que avance de forma colectiva hacia su propio desarrollo.

En menos de cuarenta años pasamos de espacios sociales capaces de generar convergencia social avalada por un impulso del mercado interno y guiado por políticas públicas abiertas e inclusivas, a un modelo de eficiencia corporativa que nos aisló de los otros y nos imbuyó en una individualidad de la propiedad privada, donde está es más valiosa que el bien común, lo colectivo y plural.

Nuestra profesión no estuvo exenta de esto y se puso rápidamente al corriente de un nuevo mercado que fabrica profesionales para cargos específicos en una línea productiva, donde emprender es mal mirado y un fracaso del modelo de formación.

Es paradójico cómo pretendemos que las nuevas generaciones sean el factor de cambio y que las sigamos formando igual que a nosotros. Hemos desarrollado todo un plan de egreso y formación para diseñadores que seguirán siendo formados con premisas incapaces de cumplir como la innovación, el emprendimiento y el cambio social, cuando su mayor afán es titularse, conseguir un buen trabajo y esperar a que profesionales más viejos, con nula capacidad de comprensión del medio y capacidad resolutiva en lo social, les digan cómo hacer lo que sus clientes –los que pretenden mantener su cuota de mercado- les digan qué hacer.

Ver al futuro como el resolutor máximo de problemas es una de las utopías más cómodas que podemos tener; pero ojo, el tiempo se acaba y nosotros con él. ¿Quién resolverá los grandes problemas de la humanidad cuando pareciera estar todo en mano de unos pocos que no les interesa hacer nada?

¿Qué podemos esperar de las nuevas generaciones si no hemos sido capaces de activar el factor de cambio en nuestra propia generación? Pareciera que no basta con estar cansados de algo y marchar por ello, si todo el esfuerzo sigue cayendo en oídos sordos y visiones miopes de cálculo político mercantilista. ¿Será el problema la generación que gobierna al mundo? ¿Serán ellos los que nos llevarán al punto sin retorno? Es difícil no ser fatalista en un momento en que todo parece caer en una espiral descendente.

Somos millones los que estamos al arbitrio de unos pocos; el mercado nos ha golpeado tan fuerte en su modelo, que ya parece imposible salir de él y pensar en algo que no parezca una involución y el retorno al trueque. Todos alguna vez aceptamos un trabajo por la necesidad del dinero que el mismo sistema nos impuso como medio de sobre vivencia ¿Entonces qué hacer?

¿Tendremos que esperar un cisma del diseño con nuevos pensadores que movilicen las voluntades políticas del estado para su desarrollo? Quizás no, quizás ya está pasando y no necesitemos de un Stanfford Beer o un Gui Bonsiepe para comenzar a creer y no solo pensar en un futuro mejor.

Quizás las nuevas generaciones piensan más por si solas de lo que creemos y estamos en el ojo de un huracán del cual no podemos entender su magnitud. Quizás esta crisis ha terminado por plantearnos las preguntas necesarias a todos sobre nuestro rol profesional y no solo un justo cuestionamiento de nuestras capacidades.

Es difícil poder tener algo claro en este momento; pero si de algo tengo absoluta certeza es que ahora es el momento de hacernos las preguntas incómodas como humanos, profesionales y miembros de la sociedad. No hay transformación ni evolución sin el dolor del crecimiento; el tema es que no nos gusta el dolor, pero si crecer ¿Quién pagará el precio?

Nuestro propio medio tiene que cambiar; las escuelas, las oficinas, las empresas, los independientes, los gremios; estamos en el momento histórico para una nueva convergencia del diseño nacional y no la podemos dejar ir. No esta vez.
Que la voluntad sea el inicio de nuestro mejor diseño.

Rafael Chávez S.
Director/El Diario Diseño